La covid agrava las agresiones contra las feministas en Oriente Próximo

Solafa Salam, periodista egipcia encarcelada en su país, en una imagen de archivo.
Solafa Salam, periodista egipcia encarcelada en su país, en una imagen de archivo. ONU

Una campaña de Femena y otras seis organizaciones alerta del aumento de la represión contra las defensoras de los derechos humanos en la región.

Solafa, Alieh, Sobnem, Hoda, Sanaa, Sepideh, Samar, Loujain, Eren, Sevval, Jila, Azza, Nassima… son los nombres de algunas de las activistas encarceladas en Egipto, Turquía, IrakIrán y Arabia Saudí. No importa el signo de sus Gobiernos. El respeto a los derechos humanos, y en particular a los derechos de las mujeres, sigue siendo una asignatura pendiente en Oriente Próximo, donde la persecución no ha cesado con la pandemia. Femena, una organización que apoya a los movimientos feministas de la zona, ha lanzado junto a otras seis entidades afines una campaña para llamar la atención de las dificultades que afrontan y movilizar a la opinión pública en su apoyo.

“La presión sobre las defensoras de derechos ha aumentado en toda la región en los últimos años. Pero 2020 ha sido particularmente violento para las activistas, que están trabajando en medio de la pandemia de Covid, a la vez que lidian con la pandemia de violencia contra las mujeres, que se ha incrementado en los últimos meses debido a los confinamientos por la nueva enfermedad”, declara Sussan Tahmasebi, cofundadora y directora de Femena, en conversación con EL PAÍS. De ahí que se hayan coordinado con otras organizaciones para lanzar la campaña. El mensaje, explica, es: “Juntos podemos proteger y apoyar a las mujeres defensores de derechos humanos en la región MENA (siglas en inglés de Oriente Próximo y Norte de África)”.

“Hay numerosas mujeres que han sido condenadas a penas de cárcel, pero están a la espera de cumplir sus sentencias. Este limbo se usa para mantenerlas calladas e inactivas. Otras son interrogadas o están a la espera de audiencias judiciales”, señala. “Una cosa está clara, los gobiernos de esta región están persiguiendo a más activistas, de forma más sistemática y con mayor fuerza y violencia que nunca y en muchos casos por pedir los derechos más básicos. Es inaceptable y tiene que acabar”.

Fuente: El País.

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